lunes, 23 de noviembre de 2009

Decodificador


Editorial 20 de Noviembre del 2009 Radio Uritorkidas


El procedimiento de la racionalización del mundo comienza poniéndole nombre a las cosas. Puesto un nombre usted puede categorizar, estructurar, delimitar, decir lo que es bueno o malo.

El sumun de este pensamiento es aquel que redefine constantemente los nombres de las cosas, aquel que busca porqué algo se llama como se llama, analiza las consecuencias de ese nombramiento, le da a las cosas su justa categorización y se pregunta constantemente de donde viene y a donde va eso.

Es un mundo alucinante el de la lingüística y el de la semiología. Porque nos damos cuenta que las denominaciones se instalan y desde ese instalarse actúan sobre nosotros como entidades y nos gobiernan.

No soy filósofo ni semiólogo pero intuyo que para que exista este gobierno tiene que existir la palabra. Y sin la palabra aún tenemos el lenguaje gestual y más allá o más acá del lenguaje gestual el lenguaje energético.

Estos tres lenguajes, el de la palabra, el de lo gestual y el energético a veces van juntos, a veces se disocian, dicen cosas opuestas, luchan entre sí. Creo que eran los griegos quienes decían que la armonía y la belleza surgían de una adecuada sincronización de estos tres lenguajes.

No es casual que estos elementos se utilicen en la creación de un personaje cuando se hace teatro, son elementos fundamentales para constituirnos como personas o al menos para constituirnos en una personalidad, y en la personalidad que se ve, que se escucha y que se siente desde afuera.

Aprender a decodificar es en algún punto aprender a estar en el mundo.

Los sabios y santos no se alteran con lo que decodifican. Saben que todos somos uno y parte de lo mismo y que ese lenguaje de signos que se expresa es un viejo juego al que los hindúes llaman Maya.

Decodificar es sano, decodificar y enjuiciar es entrar en el juego de la ilusión. No somos esos signos ni lo que esos signos expresan, somos más que eso. Más adentro y más allá.

A mí siempre me impresionan las recetas que se imponen. Aquellas que generan división, las que se ponen de moda y se aceptan como verdades absolutas.

Hay una necesidad constante de cercar, sellar, ordenar, poner las cosas en "su sitio" que habla de una falta de fe en el espíritu humano y en el acontecer de la naturaleza. Los predicadores de la verdad son muchos, pero la verdad que necesita ser predicada no es la verdad.

Muchos dicen que Dios tuvo que nombrar las cosas para crearlas y que el universo salió de esos nombres, pero, aunque este estudio antiguo y sagrado sea interesante, me parece que es una idea demasiado humana para ser real.

Dios no predica, no habla, no tiene ministros, ni manda gente al mundo para que haga su designio, no hace una tabla Excel con los pareceres de la verdad para que nos atengamos a ella. El lenguaje de Dios si es que lo hay, está hecho de signos personales y privados, signos que cada uno tiene que descifrar y son particulares para cada uno. Por eso cuando nos atenemos al alma son casi inútiles los consejos, las prédicas, las religiones organizadoras, las creencias generalizadas. Pueden actuar ellas como reflejo de algo personal que nos permite acordar con los demás un canon para tomarnos de la mano y hacer la ronda de lo que para nosotros es lo importante, pero nunca pueden ser lo fundamental.

Para mí lo fundamental es algo más profundo. Algo que no se puede nombrar, algo sutil y al mismo tiempo concreto, práctico, material. Sin palabra, sin tiempo y sin lugar. Más allá y más acá. Dentro y muy lejos.

Pablo Solís

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Vigilar y Castigar.




Vigilar y Castigar.

Los Macocos cuentan en su último espectáculo la experiencia como padres, y destacan aquel famoso "te lo dije" que se aplica a los niños cuando les decimos algo que va a suceder y sucede. Te dije que te ibas a caer si corrías, te dije que te ibas a atragantar si comías rápido, luego de aplicado el "te lo dije" y luego de producido el hecho viene el tan mentado: Viste!!! Viste que tenía razón.

Los amigos teatreros destacan por medio de la exacerbación y el absurdo lo insano de esta actitud. Una actitud más sana del padre es la que no vigila sino que espera y está al lado. Vigilar y castigar es parte de una idea paternalista que empieza por el progenitor y termina por la sociedad en su conjunto. Ya lo diría Foucault en su libro "Vigilar y castigar", análisis de como la sociedad actual lleva ese concepto hasta las últimas consecuencias.

Es el policía la mano armada de este concepto. La parte más nefasta del padre en acción.

El astrologo predica del padre como Saturno, aquel que pone límites, controla el tiempo o lo regula, dice hasta cuándo y hasta cuanto y hasta dónde.

Niños sin padre es niño sin límites, dice algún que otro psicólogo.

Cuando el padre está internalizado es el que regula la acción, cómo llevarla a cabo, cómo ponerse límites a uno mismo.

Ponerse límites, es también cuidarse.

De chico buscaba afanosamente romper con los límites de la materia. Buscaba probar mi cuerpo hasta el golpe. Saltar más allá del límite. Correr más allá del límite, gritar más allá del límite. Me conocían en el hospital y tengo las marcas que la materia hizo en mi cuando puso los límites de la materia. Sirvió después cuando el teatro se transformó en un juego para explorar los límites de la representación: hasta donde llega el yo y hasta donde el personaje. Limite aun más peligroso de cruzar que el del entorno físico.

La lógica dice que en una sociedad sana no tendría que existir la policía ni la multa, pues criados en los límites y en el cuidado propio y mutuo, eso se trasmite en nuestras actitudes sociales. Por eso muchos piensan que la salvación a tanto estropicio está en la educación, y otros piensan, aún más profundamente, que la salvación está en la educación por el arte o directamente, como diría Ernesto Sábato, en el arte .

Vigilar y castigar siempre es síntoma de una sociedad poco pensante que rueda en la vigilia de su pospuesta evolución espiritual: creadores de la nada hacia un futuro con más cárceles y menos educación.

Digo y se me ocurre decir esto porque hoy vi piletas de natación repletas de agua, canillas llenando otros tantos cubículos en barrios residenciales, entonces el juez que hay en mí salió a pronunciar gritos histéricos de denuncia, gritos de indignación. A continuación apareció el consabido y conocido "¿cómo puede ser?" ,¿cómo puede ser que no habiendo agua, que estando en la crisis más severa de los últimos años ,alguna gente la acumule en una pileta de natación? Después entendí que es normal que esto suceda en una sociedad criada en el individualismo. Las últimas construcciones que vi tienen cisternas de 10000 litros precaviendo la crisis, pero precaviéndola en el individualismo.

No es castigando ni vigilando que se va a solucionar un problema tan profundo sino educando en el límite amoroso, la transparencia y la alegría. Los resultados de una cultura materialista y egocéntrica se ven en los pequeños detalles y en los grandes. Hoy es el agua y mañana otra cosa. Insistir en la cultura de la cultura y en la educación y en el arte es hoy por hoy, la única puerta que yo veo de salida. Cada uno tiene una llave para abrirla hoy. Y aunque no haya agua, hay que remar, remar, remar. Rio arriba.


Pablo Solís

Almacén

Editorial numero 37 revista Uritorkidas


Almacén: Muchos piensan que el arte debe ser gratis. Se piensa que el artista hace lo que hace por gusto y no para ganar dinero, a diferencia de los que ponen una fábrica de tornillos, que lo hacen para tener abultada la cuenta bancaria. Sin embargo, hay creadores de tornillos que hacen su fabricación por gusto. Conozco a varios. Podríamos decir que el comerciante que se dedica a la reventa de productos lo hace solo por dinero, no fabrica nada, no produce nada, más que la atención al cliente. Por eso me enojo cuando me tratan mal en un comercio, es tal vez lo único que tiene que hacer el comerciante: atender. Pero también es cierto que la gente va a buscar a los comercios algo que no tiene que ver con la materia. Cualquier comerciante sabrá decirnos que el cincuenta por ciento de sus clientes busca una caricia y un escucha. Y por eso justamente, el oficio de comerciante es difícil, algunos comercios terminan pareciendo un consultorio psicológico .Hace unos años escribí un pequeño relato que contaba la historia de un asesino de comerciantes en Buenos Aires. Quizá porque si hay algo que no hacen los comerciantes de la Capital es comunicarse con las personas. El asesino de mi cuento asesinaba a aquellos que priorizaban la actividad práctica y comercial por sobre el contacto humano. A mí siempre me gusta hablar con la persona que me atiende. Conversar nos iguala, estemos del lado del mostrador que estemos. Admito que no entiendo mucho el oficio. Me parece que en la antigüedad, en los tiempos de las tribus y los clanes, no existía el almacén. Se creó a partir de la distribución de cosas, y la distribución creció a partir del traslado de mercancías, y apareció la moneda como bien de intercambio, y etc., etc. ,etc. El supermercado está acorde a los tiempos que corren y hay algo falso en esa forma de vender, porque no vemos la energía con que nos dan esos alimentos, qué mano está detrás. Es el supermercado un invento moderno, viene con la lata y con las heladeras. Y todo es pulcro, aparenta neutralidad energética pero esconde a la máquina. Desaparecida la mano que te atiende y que te da , desaparecen los conflictos pero también las relaciones personales. Ya no sabemos de dónde viene lo que viene. Nuestra comida pasa por un infinito proceso en donde no se sabe quién la hace, cuánto tiene de lo que dice tener, dónde se hace y quiénes intervinieron en su distribución. Es una nueva magia. Contrarrestando esta tendencia, todavía queda en los pueblos chicos el diálogo y la recomendación de los comerciantes. Confío en la recomendación de mi almacenero. Y cuando hay confianza en otra persona existe ya una relación, algo que si no se desconsidera puede prolongarse en el tiempo. Todavía ahí, funciona la palabra como un valor. Se intercambian pareceres y se descubre de dónde viene lo que viene, si es caro por qué, o por qué bajó tal o cual cosa. No es poco este diálogo que se asemeja a un filosofar, en donde se vislumbra un mundo aún más amplio y que habla de algo más que los precios. Ojalá no se pierda. Si se perdiera, sería sin duda el triunfo de la despersonalización. Comprar es adquirir no solo materia sino también la energía que hay en la materia misma y la energía con que se da. Un gesto, una palabra. Algo más que monedas tiradas en el mostrador.
>>>>Pablo Solís

11 de Octubre



Editorial programa 28 Radio Uritôrkidas


El grupo se encontró debajo de la enramada, y de allí fue caminando lentamente hacia la cueva. No iban tristes porque sabían que la acción comunitaria que iban a realizar, era justa y necesaria. Antes de tomar la bebida que los llevaría al otro mundo se despidieron de aquella tierra que durante tanto tiempo, generación tras generación les había dado abrigo. Entonces el abuelo, el chaman, el brujo, dijo las palabras finales, las últimas palabras: Durante muchos pero muchos siglos nuestro pueblo vivió en estas infinitas montañas. Hace poco vimos que el sol marcaba nuestro retorno al otro mundo porque nos habló de lo que venía de lejos, y era esa lejanía, oscuridad. Los caciques del norte y del sur intentaron convencernos de que cuando el extranjero llegara sería necesario luchar. Nosotros no creemos en extranjeros, todos somos lo mismo, hijos del cielo y de la tierra.
Al mirar el horizonte entendemos que un ciclo ha terminado para nuestra raza. La tradición explica que cuando algo llega a su fin inútil es hacerle resistencia. Por eso la mundanal división que quieren hacer nuestros caciques es absurda. No somos ni valientes ni cobardes, somos mucho más que humanos y vivimos para algo más que comer y procrear. Por eso es hoy este día y por eso es, las últimas palabras. A partir de mañana este mundo comenzará a ser aniquilado por aquellos que creen habernos conquistado, nuestros caciques serán muertos, nuestros reyes asesinados y nuestra sabiduría transformada en folclórica mercancía que se venderá repetidamente en el circuito de las fantasías de los hombres. A partir de mañana cuando no estemos aquí comenzará un mundo nuevo que estará condenado también a desaparecer, porque su creación fue producto de la violencia y la irrespetuosidad hacia aquello que nos dio la vida. Este mundo nuevo será un mundo de máquinas y de colores brillantes que se alejará del sol y de la tierra. Hasta aquí llegó hoy nuestra vida terrestre, en un rato nomas regresaremos a nuestro mundo intermedio para permanecer en él hasta que los que ahora nos matan se cansen de jugar a la conquista, se cansen de comprar y de vender. Entonces volveremos, cuando no existan las palabras y el mundo sea un hueco acunado por todos. Volveremos con un granito de tierra roja y una semilla amarilla. Hoy es el último día y hoy es, las últimas palabras.
Y todos, niños, ancianos y ancianas, jóvenes y adultos levantaron sus vasijas y bebieron el elixir. Así se vio desaparecer a Pie de Bisonte, a Ojo de Águila, a Roca Seca, a Arroyo Saltarín, a Miel de Abeja, a Colibrí, a Sol, a Luna. Y con esos nombres que se fueron, desaparecieron también las cualidades sagradas de la naturaleza: El sol, la luna, el arroyo, la abeja perdieron algo de sacralidad y se hicieron más mundanos.
Así fue como partió la tribu entera. Así fue como emigraron hacia el otro mundo. Algunos dicen que fue este día el 11 de octubre, otros dicen que fue después, o un siglo antes de 1492.
La fecha exacta no interesa. Los arqueólogos mandados por los gobiernos de los países que investigan huesos para corroborar la existencia de una u otra cultura, no encontraron ni una calavera en la cueva . Solo hay viento y polvo y un sonido suave que se filtra entre las rocas y que parece repetir una mántrica canción: No hay prisa para las edades...Los hombres somos eternos...No hay América, ni tierra, ni propiedades, ni vencedores, ni vencidos...Hay un sonido firme y azul que se levanta y permanece...El sonido firme y azul de un pueblo que canta con el agua...Que crece con los árboles ...Que baila con el viento....Cuando todo esto que es una cosa se termine, volverá la lluvia y la primavera...Mientras tanto escuchad estas palabras: No hay prisa para las edades…

Pablo Solís