Vigilar y Castigar.
Los Macocos cuentan en su último espectáculo la experiencia como padres, y destacan aquel famoso "te lo dije" que se aplica a los niños cuando les decimos algo que va a suceder y sucede. Te dije que te ibas a caer si corrías, te dije que te ibas a atragantar si comías rápido, luego de aplicado el "te lo dije" y luego de producido el hecho viene el tan mentado: Viste!!! Viste que tenía razón.
Los amigos teatreros destacan por medio de la exacerbación y el absurdo lo insano de esta actitud. Una actitud más sana del padre es la que no vigila sino que espera y está al lado. Vigilar y castigar es parte de una idea paternalista que empieza por el progenitor y termina por la sociedad en su conjunto. Ya lo diría Foucault en su libro "Vigilar y castigar", análisis de como la sociedad actual lleva ese concepto hasta las últimas consecuencias.
Es el policía la mano armada de este concepto. La parte más nefasta del padre en acción.
El astrologo predica del padre como Saturno, aquel que pone límites, controla el tiempo o lo regula, dice hasta cuándo y hasta cuanto y hasta dónde.
Niños sin padre es niño sin límites, dice algún que otro psicólogo.
Cuando el padre está internalizado es el que regula la acción, cómo llevarla a cabo, cómo ponerse límites a uno mismo.
Ponerse límites, es también cuidarse.
De chico buscaba afanosamente romper con los límites de la materia. Buscaba probar mi cuerpo hasta el golpe. Saltar más allá del límite. Correr más allá del límite, gritar más allá del límite. Me conocían en el hospital y tengo las marcas que la materia hizo en mi cuando puso los límites de la materia. Sirvió después cuando el teatro se transformó en un juego para explorar los límites de la representación: hasta donde llega el yo y hasta donde el personaje. Limite aun más peligroso de cruzar que el del entorno físico.
La lógica dice que en una sociedad sana no tendría que existir la policía ni la multa, pues criados en los límites y en el cuidado propio y mutuo, eso se trasmite en nuestras actitudes sociales. Por eso muchos piensan que la salvación a tanto estropicio está en la educación, y otros piensan, aún más profundamente, que la salvación está en la educación por el arte o directamente, como diría Ernesto Sábato, en el arte .
Vigilar y castigar siempre es síntoma de una sociedad poco pensante que rueda en la vigilia de su pospuesta evolución espiritual: creadores de la nada hacia un futuro con más cárceles y menos educación.
Digo y se me ocurre decir esto porque hoy vi piletas de natación repletas de agua, canillas llenando otros tantos cubículos en barrios residenciales, entonces el juez que hay en mí salió a pronunciar gritos histéricos de denuncia, gritos de indignación. A continuación apareció el consabido y conocido "¿cómo puede ser?" ,¿cómo puede ser que no habiendo agua, que estando en la crisis más severa de los últimos años ,alguna gente la acumule en una pileta de natación? Después entendí que es normal que esto suceda en una sociedad criada en el individualismo. Las últimas construcciones que vi tienen cisternas de 10000 litros precaviendo la crisis, pero precaviéndola en el individualismo.
No es castigando ni vigilando que se va a solucionar un problema tan profundo sino educando en el límite amoroso, la transparencia y la alegría. Los resultados de una cultura materialista y egocéntrica se ven en los pequeños detalles y en los grandes. Hoy es el agua y mañana otra cosa. Insistir en la cultura de la cultura y en la educación y en el arte es hoy por hoy, la única puerta que yo veo de salida. Cada uno tiene una llave para abrirla hoy. Y aunque no haya agua, hay que remar, remar, remar. Rio arriba.
Pablo Solís


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