Editorial número 23 Radio Uritôrkidas: Si hay algo que me da tristeza es lo encubierto, lo que se oculta. Y más tristeza lo que se oculta para sacar provecho y para que nadie vea, ni toque. Es una tristeza que a veces se transforma en bronca. Pero es una tristeza que viene sobre todo porque aquello que puede ser compartido es escatimado. Hoy se esconde mucho y se da poco, se esconden los objetos valiosos en cajas de seguridad, las ideas se esconden en palabras incomprensibles y tecnicismos creados para tal fin, se esconden los proyectos valiosos aunque el proyectista no pueda llevarlos a cabo, y también se esconde el amor, las caricias, los besos y las sonrisas que se guardan en cajitas negras metidas entre gestos violentos y dientes apretados. Hay muchas cosas que se esconden y con razón. La razón siempre está del lado del escondedor porque tiene una larga experiencia en sufrimientos infringidos, robos y maltratos: Los proyectos son tomados y desarrollados por otros que se dan el crédito y dicen que las ideas no son de nadie, los objetos son robados, las caricias y los besos son rechazados , no tenidos en cuenta. Pero dice el verdadero creador que no tiene miedo de contar sus ideas porque una verdadera idea no se puede robar. El verdadero proyectista e ideólogo explica que los proyectos contados se multiplican en voces y nuevos conceptos que ayudan a la materialización del proyecto. Dice el verdadero amante que las caricias rechazadas van por el aire, buscan al necesitado y lo tocan sutilmente para volver a aquel que las dio. Igual me da tristeza el ocultamiento aunque existan los verdaderos y luminosos hombres y mujeres que abren su corazón y se arriesgan. Y creo que la tristeza viene por el engorro y el trabajo que nos tenemos que tomar para averiguar la verdad, para desenmascarar. Así lo simple se hace complejo no porque la complejidad este implícita en las cosas sino porque es un producto de infinitas capas de ocultamiento e infinitos enredos creados a propósito por aquellos que tienen miedo. Me pregunto qué sucedería si todos dejáramos el ocultamiento y nos apoyáramos en la pura verdad y me imagino un mundo sin cascarones. Sin nadie que oculte, se acabaría el periodismo de investigación, muchas familias se disolverían o cambiarían su forma de relacionarse, muchos presos serían liberados y muchos que están libres estarían presos, muchas fortunas serían devueltas a sus verdaderos dueños, se darían medallas a los verdaderos paladines y cárcel a los verdaderos villanos. Y puestas las cosas en su sitio tendríamos más tiempo para disfrutar de la vida. Expuesta la verdad, abiertas todas las cajas cerradas a la luz, tendríamos más libertad. Pero quien se atreve a dar el primer paso? Ser sinceros hasta las últimas consecuencias nos puede traer muchos inconvenientes pero también la liberación. Si como personas transitáramos el camino de la absoluta sinceridad seguramente la sociedad entera cambiaría. Puede ser esto una utopía. Pero los falsos, embusteros y ocultadores están perdiendo crédito y la sinceridad está siendo un valor en este siglo XXI. Al final quedarán los sinceros enarbolando su bandera y serán muchos. Pablo Solís
Y serán muchos
martes 15 de septiembre de 2009Publicado por pablo solís en 01:00
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