Dentro o fuera del tiempo, el tiempo es el que nos traga y nos deglute. Hay que vivir en la conciencia de eternidad para no ser comidos por Cronos, ese gigante que nos marca el paso. Solo así, centrados en el alma, tocados por el alma de nuestra propia alma podremos ganarle la batalla al gran rey, a aquel que devora a sus hijos, que los devora y no deja nada. Qué es sino el mundo de los que ya no están un mundo deglutido por el tiempo? Qué es el almanaque sino una corroboración de que lo que pasa, pasa; y eso que fue ya no es y al no ser deja una estela de ayeres que nos referencia a un futuro que también será dejado atrás. Pero vistos al morir ¿alguien se imagina desapareciendo del todo? Puede pasar la ola del tiempo voraz pero nosotros no dejaremos de ser, por lo tanto podríamos enunciar, como dicen los hindúes, que el tiempo es una ilusión y el devorador una gran falacia. Para ver la falacia y vivir en la realidad hay que transformarse en espíritu, salir de la materia y ver las cosas, los objetos y las personas como lo que son, como lo que somos, seres en constante transito, seres en constante transformación, dejando el ayer en todo momento, siendo más nada que todo y por lo tanto siendo eso que no puede ser comido, devorado, deglutido, porque la nada, es sin dudas, aquello que no puede tocar el tiempo. Es decir y permítanme este vuelo un tanto vago , que la única manera de ganarle al tiempo es convertirnos en nada, es borrarnos de la materia y ver las cosas y los hechos desde una dimensión que no es la terrestre, que no es la cotidiana, que es casi inhumana. Dice el mito que Cronos era un titán que sabía que iba a ser derrocado por sus hijos. Precavido y cruel, se los tragaba. Un día fue engañado y le dieron una piedra en vez de su niño y creció el que lo iba a derrocar y lo obligó a vomitar a todos los que se había tragado. Zeus derrocó a su padre como este había derrocado también al suyo y volvió el tiempo atrás trayendo a todos sus hermanos. Quién fuera Zeus para volver el tiempo atrás y hacer que el gran dios del tiempo devuelva todos los instantes vividos, a todos los seres que se fueron , a aquellos que fueron muertos, perdidos y olvidados. Quién pudiera hacer vomitar al tiempo, ganar la batalla más específica y más importante. Tal vez haya un resabio de esta lucha contra el tiempo, en el cielo prometido por el cristianismo, aquel lugar donde todos se reencuentran, donde los idos nos están esperando. A mí me gusta más creer que pensar, y creer es creer en lo que uno quiera creer. Es decir que puedo inventarme la creencia que me convenga que para eso es creencia y no teorema. De manera que si quiero afirmarme en que el día 25 de julio es el día fuera del tiempo me afirmo y también me puedo afirmar en cosas diferentes, en creencias extrañas, como aquella que dice que todos los viernes baja el dios del amor, los jueves el dios de la suerte y los martes el dios de la guerra. La libertad no consiste tanto en saber lo que es cierto sino en saber lo que nos conviene creer. Creyendo lo adecuado tal vez logremos la felicidad, creyendo lo inadecuado la infelicidad. Es un poco así aunque la voz del raciocinio impregne nuestro pensamiento y cuestione nuestras creencias. Creer es crear dice el refrán de alguna película que creía en imágenes que no me referenciaban. Pero en realidad creer es crecer, y podríamos decir más, solo crecemos si creemos lo adecuado para nosotros. En el modo particular que cada uno tenga de ver su vida, está de alguna manera el secreto del goce por la vida misma, y el tiempo se combate con felicidad y con goce, pues el dios comilón se atraganta con nuestras esperanzas y nuestras risas. Proponerse vivir el presente puede ser un ejercicio zen intelectual y sin sentido, pero también puede ser un combate cuerpo a cuerpo contra el dios del tiempo. ¿Qué nos ganara siempre? Quién sabe. Quién sabe si el tiempo no está atado a su transcurrir y no es un esclavo de nuestras ocurrencias. Quién sabe si el centro de esta rueda mandálica que es la vida no es el tiempo sino nuestro espíritu. Siendo así, el poder no lo tiene él sino nosotros, ya que nosotros somos los creadores del tiempo .Siendo los artífices de su existencia, le daremos piedras, se tragara equivocadamente nuestro yo y saldremos victoriosos. Creer que el tiempo es quien nos domina es una creencia. Él lo sabe y se hace propaganda, nos manda sus arrugas, sus jubilaciones, sus muertes repentinas, su nostalgia, nos hace creer en su religión. Solo afirmándonos en nuestro presente, solo estando fuera del tiempo, lograremos salvarnos de sus garras y lo devoraremos con nuestra felicidad, el será el deglutido y se irá a su casa con la cola entre las patas. Y así. A rodar la vida. 
Fuera del tiempo
sábado 25 de julio de 2009Publicado por pablo solís en 15:50
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