martes, 9 de junio de 2009

El gato


El gato, editorial programa 13 Radio Uritôrkidas


Si alguna vez jugaron a algún jueguito de computadora sabrán que el placer mayor del jugador virtual es el control que tiene sobre la realidad que se le presenta en una pantalla.

El gato que vive conmigo está en la edad de morder absolutamente todo, ya sea una media de lana como una mano. Es así que mientras camino por la casa el gato salta a morderme la pierna, me clava las uñas y recibe un grito y un manotazo. Corre, no a esconderse debajo de la cama, sino al rincón donde está la comida, y come.

Un amigo cuenta que se puso a gritar, saltando sobre la calle mal arreglada, a un funcionario del gobierno responsable del área de servicios púbLicos. El funcionario quiso pegarle. El amigo gritaba y gritaba.

Todos se ponen mal porque aquello que debería ser y no es.

¿Es torpeza la de los otros o malicia? No importa, lo que si importa es que todos se ponen mal porque lo que tendría que ser no es.

¿Quién dice lo que tendría que ser? El que se pone mal.

Mejor es pasarle por arriba a la realidad, dicen algunos.

Al menos a esa realidad cotidiana donde puede reinar la injusticia.

Pasémosle por arriba y pensemos en aquello que sucede bien. En los caminos por donde se desliza la bienaventuranza y el buen trato, andemos por aquel lugar donde lo correcto y justo sucede, disfrutemos de eso y démosle la espalda a aquello que no es como queremos.

Los psicólogos explican que intentar cambiar al ser amado es un punto de vista totalmente equivocado. Cambiar al otro es no aceptarlo como es y no aceptarlo como es, es de alguna manera no aceptarnos a nosotros mismos como somos. Los psicólogos explican una lógica que conlleva una forma de mirar que nos autoreferencia. Al fin y al cabo todo está en nosotros, el otro es un reflejo de nuestras miradas y las imperfecciones que vemos en el otro son nuestras imperfecciones.

Reflejos, espejos, no hay nada que hacer más que cambiarnos a nosotros mismos para cambiar al mundo. Si cada uno de nosotros cambiara para bien, el mundo estaría arreglado, pues el mundo se hace y se fabrica, se crea y se descrea con cada una de nuestras conciencias. Claro que habría que ponerse de acuerdo en qué es el bien.

Pero es cierto que la mayoría de nuestras nuevas rebeliones están enfocadas más al cambio de nuestras conciencias que al cambio por medio de la toma del poder externo para cambiar nuestras estructuras sociales.

Una nueva revolución está en marcha, dicen algunos. La búsqueda del cambio individual no es más que el plan de aquellos que están en el poder para adormilarnos y seguir generando estropicio, dicen otros.

Yo no sé que será el camino.

Por lo pronto para salir de la virtualidad hay que empezar a asumir que no tenemos más control que el de nosotros mismos. También es cierto que el gato corre a comer cuando se encuentra en una situación de peligro. Ante la crisis, por las dudas, nos llenamos la panza. Entiendo al gato pero me da lástima, depende de mí. Si pudiera entenderme del todo le explicaría que no le va a faltar comida, también, que el mundo es ancho y allá afuera hay mucho más que un tarrito con alimento balanceado. Domestícame le decía el zorro al Principito. No, no, por favor zorrito, andá a cazar gallinas. La felicidad está allá afuera.

Pablo Solís

1 comentarios:

  1. Lo más difícil, casi siempre, es confiar que allá afuera habrá muchas gallinas que cazar, y que finalmente estaremos bien y nos bastaremos a nosotros mismos.
    Nos han repetido hasta el cansancio que no podemos, el orden (creado) de las cosas nos ha hecho carne la necesidad de ser domesticados - particularmente a las mujeres.
    Cómo se revierte?
    Se me ocurre, como primera medida, que habría que empezar por convencernos nosotros mismos de que sí podemos y de que no es mandatorio depender de ninguna manera de otro ser. Y con suerte, el ejemplo plante su semilla, y nuestros hijos aprendan desde pequeños que ellos mismos son los orfebres de sus vidas.
    Ojalá.

    ResponderSuprimir

Puedes dejar un comentario.