domingo, 12 de abril de 2009

Milagros


Déjenme hablar de Cristo y del cristianismo ahora que estamos en semana santa. Pequeñitas palabras habladas para un pequeño relator.

Desde pequeño Cristo se aparecía en la prefabricada de mis tíos. El rostro de un Cristo espigado de cabellos largos. Aunque era una imagen generada por el agua chorreada de alguna gotera en el techo de chapa, agua que se filtraba y se metía por las paredes de madera, a mi tío, al gran tío, al humilde y al mismo tiempo gran pintor de paredes, se le antojaba que Cristo lo venía a visitar. Yo era chico y creía, pero al mismo tiempo desconfiaba. Ya se me había metido el bicho adulto de la desconfianza, aunque no me atrevía a quedarme solo en aquella habitación con Cristo mirándome desde la pared. Mi tío era tierno como el agua que chorreaba, como el vino que tomaba desde el desayuno y que un día dejó de tomar abruptamente cuando le diagnosticaron una enfermedad, algunas de esas que tienen los alcohólicos. Quería vivir y vivió. Así parece que se curan algunos incurables. Luego Cristo se aparecía en las estatuas de una iglesia pomposa como son las catedrales .En las iglesias importantes las estatuas de Cristo brillan y son también, sobrenaturales. En cambio aquellos que viven dentro de la iglesia siempre me resultaron tristes. Triste era todo el clero, el clero que me rodeaba en la infancia, el que me obligaba a tomar la comunión, a confesarme, a ser bueno. No hablo ya de religión sino de esa tristeza que venía encarnada en la sotana. Pero más adelante, cuando la niñez dejó paso a una adolescencia, como casi todas, rebelde, empezó a gustarme la historia de Cristo. Y cuando en semana santa pasaban las películas que hablaban del mito o de la realidad de Cristo, las veía con ganas. Que más hermoso que la historia de un tipo que se las arreglaba para luchar contra los poderosos romanos, que hacía milagros y que era castigado por portarse mal. No era este Cristo, el Cristo que veía en la iglesia. ¿Cuándo fue que el cristiano se transformó en romano y empezó a querer convencer, a obligar?¿Cuándo fue que perdió la rebeldía?

No sé si Cristo era o no hijo de Dios, lo cierto es que Cristo y su historia son fascinantes porque encajan en una serie de figuras arquetípicas que nos mueven hasta el día de hoy. Sea que existió, sea que si existió, existió como dicen que existió, o sea que es todo una mentira, la historia de Cristo sirve para reflexionar sobre determinadas cuestiones morales que no están nada mal y todavía no han pasado de moda.

Cada tanto me viene la fantasía de teatralizar la vida de Cristo. He visto hace tres o cuatro años a un actor que hizo en Capilla del Monte algo por el estilo, en un lugar alejado del centro, y éramos dos personas mirándolo, y otra vez me dio tristeza. La reinterpretación de Cristo siempre cae por el lado de la iglesia y cae mal parada, pero cuando no cae por ese lado también cae mal parada. Como si cualquier interpretación fuera escaza de patas y de sostén. Sin embargo había, recuerdo, una película de Zefirelli, el cineasta italiano que también hizo "Hermano sol, hermana luna", que respetaba al máximo la historia que aparecía en la Biblia y sin embargo estaba ausente de golpes bajos. Estaba contada sin estridencias. También es muy interesante e impactante ver "La última tentación de Cristo "una película de Scorsese que habla de la decisión de salir de lo chiquito que aquel hombre toma en un momento determinado. Salirse de lo mezquino, de lo aferrado, de lo "normal". Entonces no hay un Cristo que sufre sino un Cristo, sea hombre Dios o maestro, que ríe y hace milagros.

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